jueves, 16 de febrero de 2012

Parlamentarismo o la labor de estado entre bastidores

"Decidir una vez cada cierto número de años que miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el parlamento: he aqui la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias, sino también en las repúblicas más democráticas.

Pero si planteamos la cuestión del estado, si enfocamos el parlamentarismo como una de las instituciones del estado, desde el punto de vista del proletariado en este terreno, ¿dónde está entonces la salida del parlamentarismo? ¿ Como es posible prescindir de él?

Hay que decir, una y otra vez, que las enseñanzas de Marx, basadas en la experiencia de la Comuna, están tan olvidadas, que para el socialdemócrata moderno (lease: para los actuales traidores al socialismo) es sencillamente incomprensible otra crítica del parlamentarismo que no sea la anarquista o la reaccionaria.

La salida del parlamentarismo no está, naturalmente, en la abolición de las instituciones representativas y de la elegibilidad, sino en transformar las instituciones representativas de lugares de charlataneria en corporaciones de trabajo
   
                              La comuna debía ser, no una corporación parlamentaria, 
                                   sino una corporación de trabajo, legislativa y ejecutiva 
                                  al mismo tiempo....."

"... la verdadera labor de estado se hace entre bastidores, y la ejecutan los ministerios, las oficinas, los estados mayores. En los parlamentos no se hace más que charlar, con la finalidad de embaucar al vulgo. "

V.I Lenin  "El Estado y la Revolución" capitulo III. 3

lunes, 13 de febrero de 2012

Josep Fontana o la historia como cañón de futuro

Josep Fontana o la historia como cañón de futuro.
 Por  José Antonio Delgado

 
Josep Fontana publicaba en el año 1982 su libro “Historia: análisis del pasado y proyecto social”*  en el que desde una orientación marxista  y  provocadoramente contrapuesta  al academicismo reinante, hacía un recorrido  por el  quehacer de los historiadores desde los orígenes  hasta las últimas tendencias del siglo XX  y nos mostraba su visión de la historia como herramienta de análisis y transformación social. El capítulo dedicado a la “Escuela Escocesa” tiene especial relevancia por la influencia que su pensamiento sigue manteniendo sobre la concepción  dominante en la actualidad sobre la historia,  la política, la economía y el “progreso”. En estos momentos en los que la gran crisis del capitalismo y la incertidumbre y el malestar social generados parecen sumirnos en una búsqueda urgente de soluciones,  resulta especialmente valioso seguir las pistas y certezas trazadas por Fontana.

 A continuación reproduzco los párrafos finales del mencionado capítulo que resumen magistralmente la influencia que ha tenido la escuela escocesa  en el desarrollo del capitalismo, y sigue teniendo en la actualidad (y en  las falsas salidas que se plantean desde el reformismo neoliberal), y al mismo tiempo nos transmiten una diáfana imagen de la “impronta” social y revolucionaria que recorre todo el libro y tiñe el pensamiento de Fontana:
“El éxito que ha alcanzado la escuela escocesa no tiene tal vez precedente en la historia intelectual de la humanidad. Logró hacernos compartir su visión lineal del pasado, que se establece como una ruta marcada por revoluciones tecnológicas que abren etapas sucesivas de ascenso para el hombre. Nos ha hecho aceptar, con ello, su visión del progreso, que consiste en definir como avanzado todo lo que conduce hacia el capitalismo y la industrialización, sin aceptar que puedan existir otras formas válidas de configuración de la economía y de organización de la sociedad, a la que pudiera llegarse por otros caminos, descalificando las vías alternativas como retrógradas o impracticables (utópicas). Ha contagiado nuestra visión del presente, haciéndonos creer que existen unas reglas de la economía que actúan al margen de la política, y que la sumisión del hombre a un juego exclusivamente económico, sin coerción alguna, es lo que caracteriza al sistema en que vivimos. Con todo ello, ha corrompido nuestros proyectos para el futuro que nos hemos acostumbrado a ver como una superación que nos conducirá a una etapa más elevada de la industrialización, incapacitándonos para plantear una auténtica alternativa al capitalismo.
            Por el hecho mismo de que partes esenciales de esta concepción de la historia y del progreso han quedado adheridas a nuestra visión del mundo, resulta importante que nos esforcemos en comprender su génesis y su auténtica naturaleza. Hemos llegado a un punto en que, incumplidas las viejas profecías sobre las que se cimentaban nuestras esperanzas, no podemos proseguir sin revisar críticamente la concepción de progreso en que se basaba, para asimilarla con plena conciencia de lo que significa –de que se trata de un crecimiento para algunos que sólo puede mantenerse con la explotación de los más-, o para rechazarla y sustituirla por unos nuevos objetivos que habrán de alcanzarse por otros caminos.”

*  JOSEP FONTANA LÁZARO,  Historia: análisis del pasado y proyecto social, capítulo 4, pag.97
Editorial Crítica, Barcelona

en contra de lo que ellos pretenden, la historia no ha acabado , sino que no ha hecho más que comenzar.

por Jose Antonio Delgado


La rotunda y clara ofensiva del capital en contra de los trabajadores y las clases populares requiere una respuesta contundente. Los partidos socialdemócratas y otras izquierdas reformistas no van más allá de desear parchear el capitalismo para que pueda sobrevivir  y  todo siga igual. Los movimientos sociales no consiguen que su voz , cuando no está  abiertamente  manipulada y dirigida desde ciertas instancias del poder,  sea algo más que una simple pataleta sin ningún efecto. No existen salidas a esta crisis y a esta brutal ofensiva, a los pueblos y a la vida en el planeta, que no pasen por desmontar este sistema  y por una transformación radical de la realidad económica y política. No hemos de aceptar que este irracional  camino de creciente destrucción, miseria e injusticia es natural e inevitable.

NO  es natural e inevitable que los principales medios de producción estén en manos de unos pocos.

NO  es natural e inevitable que los recursos naturales  se dilapiden en unas pocas manos ambiciosas, criminales e insolidarias.

NO  es natural e inevitable que el único objetivo de la economía sea el beneficio empresarial y la acumulación de riquezas.

NO es utópico pretender el cambio radical de estas realidades.

NO es utópico que el objetivo de la producción sea el bienestar solidario de todos los hombres.

No es utópico pretender que sean los trabajadores y trabajadoras los que determinen y definan los medios, los  fines y objetivos de su trabajo y su producción.

No es utópico pretender que los pueblos sean los dueños de sus destinos.

SÍ es realmente utópico e ingenuo pretender que esos pocos que se han adueñado de los recursos y los medios de producción a través del saqueo, la represión , la explotación y la  miseria de muchos vayan a cederlos voluntariamente.

SÍ es realmente utópico pretender avanzar hacia la justicia y la igualdad social a través de un Estado y un sistema político que ellos mismos han creado para perpetuar su poder y sus privilegios.

Sólo la unidad en la lucha y el objetivo claro e irrenunciable  de transformación radical de la realidad social, económica y política nos permitirá demostrar que, en contra de lo que ellos pretenden, la historia no ha acabado , sino que no ha hecho más que comenzar.