lunes, 13 de febrero de 2012

Josep Fontana o la historia como cañón de futuro

Josep Fontana o la historia como cañón de futuro.
 Por  José Antonio Delgado

 
Josep Fontana publicaba en el año 1982 su libro “Historia: análisis del pasado y proyecto social”*  en el que desde una orientación marxista  y  provocadoramente contrapuesta  al academicismo reinante, hacía un recorrido  por el  quehacer de los historiadores desde los orígenes  hasta las últimas tendencias del siglo XX  y nos mostraba su visión de la historia como herramienta de análisis y transformación social. El capítulo dedicado a la “Escuela Escocesa” tiene especial relevancia por la influencia que su pensamiento sigue manteniendo sobre la concepción  dominante en la actualidad sobre la historia,  la política, la economía y el “progreso”. En estos momentos en los que la gran crisis del capitalismo y la incertidumbre y el malestar social generados parecen sumirnos en una búsqueda urgente de soluciones,  resulta especialmente valioso seguir las pistas y certezas trazadas por Fontana.

 A continuación reproduzco los párrafos finales del mencionado capítulo que resumen magistralmente la influencia que ha tenido la escuela escocesa  en el desarrollo del capitalismo, y sigue teniendo en la actualidad (y en  las falsas salidas que se plantean desde el reformismo neoliberal), y al mismo tiempo nos transmiten una diáfana imagen de la “impronta” social y revolucionaria que recorre todo el libro y tiñe el pensamiento de Fontana:
“El éxito que ha alcanzado la escuela escocesa no tiene tal vez precedente en la historia intelectual de la humanidad. Logró hacernos compartir su visión lineal del pasado, que se establece como una ruta marcada por revoluciones tecnológicas que abren etapas sucesivas de ascenso para el hombre. Nos ha hecho aceptar, con ello, su visión del progreso, que consiste en definir como avanzado todo lo que conduce hacia el capitalismo y la industrialización, sin aceptar que puedan existir otras formas válidas de configuración de la economía y de organización de la sociedad, a la que pudiera llegarse por otros caminos, descalificando las vías alternativas como retrógradas o impracticables (utópicas). Ha contagiado nuestra visión del presente, haciéndonos creer que existen unas reglas de la economía que actúan al margen de la política, y que la sumisión del hombre a un juego exclusivamente económico, sin coerción alguna, es lo que caracteriza al sistema en que vivimos. Con todo ello, ha corrompido nuestros proyectos para el futuro que nos hemos acostumbrado a ver como una superación que nos conducirá a una etapa más elevada de la industrialización, incapacitándonos para plantear una auténtica alternativa al capitalismo.
            Por el hecho mismo de que partes esenciales de esta concepción de la historia y del progreso han quedado adheridas a nuestra visión del mundo, resulta importante que nos esforcemos en comprender su génesis y su auténtica naturaleza. Hemos llegado a un punto en que, incumplidas las viejas profecías sobre las que se cimentaban nuestras esperanzas, no podemos proseguir sin revisar críticamente la concepción de progreso en que se basaba, para asimilarla con plena conciencia de lo que significa –de que se trata de un crecimiento para algunos que sólo puede mantenerse con la explotación de los más-, o para rechazarla y sustituirla por unos nuevos objetivos que habrán de alcanzarse por otros caminos.”

*  JOSEP FONTANA LÁZARO,  Historia: análisis del pasado y proyecto social, capítulo 4, pag.97
Editorial Crítica, Barcelona

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