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martes, 3 de abril de 2012

La Europa antisocial. Maastricht, Amsterdam,Bruselas, el Euro y la guerra abierta contra los trabajadores.


 La Europa antisocial.

 Maastricht, Amsterdam, Bruselas, el Euro y la guerra abierta contra   los  trabajadores.      

  por José Antonio Delgado

 


En estos momentos de especial recrudecimiento de la agresión del capital contra los trabajadores en todos los paises de Europa, parece necesario insistir sobre como las acciones de los gobiernos de los diversos países europeos, moneda única, reformas y contrareformas laborales, recortes sociales y retrocesos democráticos forman parte de la estrategia definida desde hace ya bastantes años por multinacionales y oligarquias empresariales (globales, europeas pero sobre todo norteamericanas) y plasmada en los tratados de Maastricht (1992) , núcleo de la actual Unión Europea, y posteriormente en los tratados de Amsterdam(1996). que impusieron el “pacto de estabilidad” que obligaba y obliga a los paises miembros a la reducción de la “deuda” , a eliminar el “deficit publico” y a la instauración del “Euro” a partir de 1999.

Los estados miembros y sus presupuestos nacionales quedan subordinados a una moneda y a un banco central cuyo objetivo no es la defensa de los intereses de dichos estados sino la defensa de los intereses de las empresas de la Bolsa. El Euro aparece así como el instrumento de saqueo de las riquezas de los estados europeos y sus pueblos. Los estados miembros renuncian a elementos centrales de su soberanía (económicos y monetarios) , sorpredentemente , no a cambio de una nueva soberanía o una nueva nación, sino para mayor beneficio de los “mercados”.

El “Euro” es imcompatible con cualquier soberanía nacional o europea porque es un instrumento  diseñado, precisamente, para imponer a los pueblos y naciones de Europa la la dictadura del capital . Dado que los estados han perdido la capacidad de cambiar el curso legal de la moneda , así como la capacidad de endeudarse, la única variable con la que se pueden ajustar los desequilibrios económicos y evitar la disminución de los beneficios empresariales es la reducción de los salarios, los derechos laborales y la protección social. Ese es el camino que desde entonces han seguido las politicas de la Unión Europea y que en los últimos años se ensancha a la sombra de la “crisis” financiera. Crisis que, sin llegar al descabellado, o por lo menos inexacto, extremo de calificar como ficticia, ha servido como perfecta coartada para dinamizar y justificar las antisociales directrices impuestas en Maastricht mucho antes de que nadie la mencionara o imaginase.

Todo lo que falazmente se nos presenta ahora, en España y en el resto de Europa, como necesarias, innevitables y ¡excepcionales! medidas para “salir de la crisis” no son más que el viejo catecismo liberal que conforma el corazón mismo de la Europa de Maastricht, su razón de ser, su debida obediencia a los dictados que los grandes poderes industriales y financieros, principalmente norteamericanos, impusierón a los megalomanos y procapitalistas padres fundacionales de la UE en la decada de los 90 y que se se vienen aplicando con creciente intensidad desde hace décadas. Estas “necesarias “ medidas lejos de favorecer un fortalecimiento de la economias y del bienestar social a lo largo de estas dos últimas décadas han conseguido arruinar los tejidos productivos nacionales y provocar la depauperización galopante de los trabajadores y las clases populares. No son , evidentemente, ninguna salida a la crisis y a la destrucción de empleo y el bienestar social, son las medidas que se han venido aplicando desde Maastricht para hacer más llevadera a los grandes poderes econónicos y financieros la gran crisis estructural de su capitalismo senil.

Los trabajadores y trabajadores europeos hemos de vencer el obstáculo que representa la Europa de Maastricht , expresión e instrumento de la dictadura del capital, si queremos iniciar el camino hacia la justicia social y una economía mas humana y racional. El capitalismo no puede darnos nada sino quitarnos lo que con duras luchas hemos conseguido a lo largo de muchos años. La Europa de Maastricht y el Euro es uno de los últimos bastiones del capitalismo más salvaje, el clavo ardiente al que se agarra cuando ya no le quedan más pueblos a los que salvajemente explotar. Todo lo que hagamos para que caiga ésta Europa es un paso importante en la lucha contra el capitalismo y la explotación de los hombres y los pueblos.

lunes, 13 de febrero de 2012

Josep Fontana o la historia como cañón de futuro

Josep Fontana o la historia como cañón de futuro.
 Por  José Antonio Delgado

 
Josep Fontana publicaba en el año 1982 su libro “Historia: análisis del pasado y proyecto social”*  en el que desde una orientación marxista  y  provocadoramente contrapuesta  al academicismo reinante, hacía un recorrido  por el  quehacer de los historiadores desde los orígenes  hasta las últimas tendencias del siglo XX  y nos mostraba su visión de la historia como herramienta de análisis y transformación social. El capítulo dedicado a la “Escuela Escocesa” tiene especial relevancia por la influencia que su pensamiento sigue manteniendo sobre la concepción  dominante en la actualidad sobre la historia,  la política, la economía y el “progreso”. En estos momentos en los que la gran crisis del capitalismo y la incertidumbre y el malestar social generados parecen sumirnos en una búsqueda urgente de soluciones,  resulta especialmente valioso seguir las pistas y certezas trazadas por Fontana.

 A continuación reproduzco los párrafos finales del mencionado capítulo que resumen magistralmente la influencia que ha tenido la escuela escocesa  en el desarrollo del capitalismo, y sigue teniendo en la actualidad (y en  las falsas salidas que se plantean desde el reformismo neoliberal), y al mismo tiempo nos transmiten una diáfana imagen de la “impronta” social y revolucionaria que recorre todo el libro y tiñe el pensamiento de Fontana:
“El éxito que ha alcanzado la escuela escocesa no tiene tal vez precedente en la historia intelectual de la humanidad. Logró hacernos compartir su visión lineal del pasado, que se establece como una ruta marcada por revoluciones tecnológicas que abren etapas sucesivas de ascenso para el hombre. Nos ha hecho aceptar, con ello, su visión del progreso, que consiste en definir como avanzado todo lo que conduce hacia el capitalismo y la industrialización, sin aceptar que puedan existir otras formas válidas de configuración de la economía y de organización de la sociedad, a la que pudiera llegarse por otros caminos, descalificando las vías alternativas como retrógradas o impracticables (utópicas). Ha contagiado nuestra visión del presente, haciéndonos creer que existen unas reglas de la economía que actúan al margen de la política, y que la sumisión del hombre a un juego exclusivamente económico, sin coerción alguna, es lo que caracteriza al sistema en que vivimos. Con todo ello, ha corrompido nuestros proyectos para el futuro que nos hemos acostumbrado a ver como una superación que nos conducirá a una etapa más elevada de la industrialización, incapacitándonos para plantear una auténtica alternativa al capitalismo.
            Por el hecho mismo de que partes esenciales de esta concepción de la historia y del progreso han quedado adheridas a nuestra visión del mundo, resulta importante que nos esforcemos en comprender su génesis y su auténtica naturaleza. Hemos llegado a un punto en que, incumplidas las viejas profecías sobre las que se cimentaban nuestras esperanzas, no podemos proseguir sin revisar críticamente la concepción de progreso en que se basaba, para asimilarla con plena conciencia de lo que significa –de que se trata de un crecimiento para algunos que sólo puede mantenerse con la explotación de los más-, o para rechazarla y sustituirla por unos nuevos objetivos que habrán de alcanzarse por otros caminos.”

*  JOSEP FONTANA LÁZARO,  Historia: análisis del pasado y proyecto social, capítulo 4, pag.97
Editorial Crítica, Barcelona

en contra de lo que ellos pretenden, la historia no ha acabado , sino que no ha hecho más que comenzar.

por Jose Antonio Delgado


La rotunda y clara ofensiva del capital en contra de los trabajadores y las clases populares requiere una respuesta contundente. Los partidos socialdemócratas y otras izquierdas reformistas no van más allá de desear parchear el capitalismo para que pueda sobrevivir  y  todo siga igual. Los movimientos sociales no consiguen que su voz , cuando no está  abiertamente  manipulada y dirigida desde ciertas instancias del poder,  sea algo más que una simple pataleta sin ningún efecto. No existen salidas a esta crisis y a esta brutal ofensiva, a los pueblos y a la vida en el planeta, que no pasen por desmontar este sistema  y por una transformación radical de la realidad económica y política. No hemos de aceptar que este irracional  camino de creciente destrucción, miseria e injusticia es natural e inevitable.

NO  es natural e inevitable que los principales medios de producción estén en manos de unos pocos.

NO  es natural e inevitable que los recursos naturales  se dilapiden en unas pocas manos ambiciosas, criminales e insolidarias.

NO  es natural e inevitable que el único objetivo de la economía sea el beneficio empresarial y la acumulación de riquezas.

NO es utópico pretender el cambio radical de estas realidades.

NO es utópico que el objetivo de la producción sea el bienestar solidario de todos los hombres.

No es utópico pretender que sean los trabajadores y trabajadoras los que determinen y definan los medios, los  fines y objetivos de su trabajo y su producción.

No es utópico pretender que los pueblos sean los dueños de sus destinos.

SÍ es realmente utópico e ingenuo pretender que esos pocos que se han adueñado de los recursos y los medios de producción a través del saqueo, la represión , la explotación y la  miseria de muchos vayan a cederlos voluntariamente.

SÍ es realmente utópico pretender avanzar hacia la justicia y la igualdad social a través de un Estado y un sistema político que ellos mismos han creado para perpetuar su poder y sus privilegios.

Sólo la unidad en la lucha y el objetivo claro e irrenunciable  de transformación radical de la realidad social, económica y política nos permitirá demostrar que, en contra de lo que ellos pretenden, la historia no ha acabado , sino que no ha hecho más que comenzar.